Monday, April 15, 2013

Poema No. 172


 

 

la luna no está muerta
esta dormida
duerme
el sueño de la vida
 
sueña con piedras, pedruscos
pedregones
las piedras de los montes
que se convierten en seres
azules, seres puros, ­ígneos
transparentes
seres capaces de tornar
en oro todo lo que tocan
 
sueña con nubes, nubecillas
nubarrones
las nubes de los cielos
que se convierten  en seres
de lodo, seres de barro, arcilla
moldeados sobre cántaros abstractos
seres capaces de tornar
en oro todo lo que tocan
 
sueña la luna, sueña y canta
un canto tan feroz, tan silencioso
un canto húmedo, de musgo sobre piedras
húmedas, piedras frías, piedras verdinegras
piedras sentadas sobre  el barro
el barro sentado sobre  el manto
entretejido  en luz y sombra
el manto blanco, el manto negro
el manto púrpura, el manto plateado
 
cantan los querubines  de la parra, del vino
cantan en júbilo, en conjunto
bajan los seres ígneos, los azules
suben los seres de los cántaros abstractos
cantan  el canto inmenso de la luna
tomados de la mano
bailan alrededor del único caldero
el cántico de letras de fuego
caen en el caldero
las letras
convertidas en oro
oro líquido
oro transustanciado
oro de música de luna
oro plateado, plata de oro
metales convertidos en caminos
caminos convertidos en corona
corona de caminos convertida en metales
de oro,  de plata, plata-oro
oro de luz –  plata de luz
plata de sueño de la luna
luna de plata de los sueños
sueños de luna plateada
 
la luna no está muerta
tan solo duerme y sueña
el sueño de la vida
 
 
Poema escrito por Sandra Collazos McPherson
Dallas, TX April 15th, 2013



Wednesday, April 3, 2013

Poema No. 235

 
 

 




Hoy
quisiera detener este  momento
colgarlo  del techo como una lamparita
dejar que su luz ilumine los oscuros rincones
cuando la noche se me viene encima.
Quisiera transformarlo en embalse
retener esas aguas milagrosas y como pececillos
deslizarnos  en esa suavidad que nos rodea
que nos envuelve en el murmullo  del tiempo detenido
buscar entre palabras obsequiosas
aquello que calla el corazón
el sentido vital que nos ofusca
y nos hace volvernos hacia nosotros mismos
todo eso es  el deseo
que palpita, el quieto
despertar .
 
En este instante  que nos hunde
 soy  pura y cristalina
soy lo que soy, no niego nada
 así me entrego  a ti
a tu tronco recio y firme de árbol grande
a tu savia completa y vivificadora
a tu risa clara y tibia  y  a tus benditas manos
tú estremeces  mis días
 penetras  mis raíces aún palpables pero ocultas
por ti todo florece y reverdece
otra vez.
 
Hoy
quisiera detener este momento
convertirlo en  un  punto
 suspensivo…

 

 

 Poema de Sandra Collazos McPherson
Dallas, TX March 3rd., 2013

 

Sunday, March 31, 2013

Poema No. 150


 



 

ahora
levanta el velo que la sombra anuda
con sus lazos de viento y  lluvia
 
el pensamiento anida en el árbol de la noche
y en el azul
en las calles,  los pasos:
cien
 
mientes, tendrás que darlos
la sed azul sin fin del cielo
promete gracia, deseo
mar y sal
 
en cólera el día tiene las cosas detenidas
 
ahora
conjuga el miedo
en la mano el anillo
vano espíritu de niebla, árbol de la noche
 
la garra es la llave, el negro
todo
 
apertura, reloj de arena
mar y sal
 
es la nada el velo del
ahora
 
cosecha  el arduo brazo del destino
 
en el vacío se mueve el punto
almacena, sube como la pluma
el girasol: puente, liga, mano
 
los pasos en la calle:
cien
 
vamos al río azul celeste en vano
mar y sal
 
deseo
 
el amarillo centro de la calle
el farol y la sombra
por un hilo de luz la oscuridad se cae
suspiro
 
veo
 
ahora

Poema de Sandra Collazos McPherson
Dallas, TX March 31th, 2013
 
 

Thursday, March 28, 2013

Poema No. 136


 
 

Vengo a relatarles, vengo y no voy, un evento, uno y no dos, antiguo, muy antiguo, tanto como las barbas de Adán, como el ojo de aguja por donde todavía pasan los camellos.  Tan antiguo que tuve que desamarrar la viga que sostenía al mundo anclado a la ceiba gigante y aún asi tuve que comprarle pescaditos de azúcar, de los que dan de ñapa en la memoria de los niños que se niegan a dormir, para que se fuera, por fin, se fuera volando como un globo de feria y pudieran bajar, sí, bajar y no subir, los viejos, los cuentistas, con sus barbas luengas y las manos llenas de polvo de estrella y las aes, las aches,oes, emes, comas y puntos suspensivos flotando entre los pichachos de sus sombreros singulares.  
        
 
Bajaron un dia y no una noche, aunque aquí las noches duran sepetecientos pestañeos y un suspiro.  Bajaron montados a horcajadas en gaviotas de harina que se iban y no venían deshaciendo a medida que batían las alas en una enorme batidora que llenaba todo lo que el ojo alcanzara y eso que el ojo no era muy buen corredor.  Dejaban tras de sí y no de mí ni de nosotros, una polvareda tan grande que podía verse fácilmente a siete leguas o a vuelo de pájaro.
 

Polvo de harina. Un momento.  Estiro la mano un metro cuarenta y cinco centímetros para alcanzar el frasco de bolas amarillas que se burla de mí con carcajadas de cerezas que le hacen estremecer su barriga hinchada de comelón empedernido.Uf! Vano intento.  Solo logro rozarlo.  Cae  la tapa al suelo y se forma la corredera. 
 
 Se escapan las galletitas de animales.   Corren por todos lados como alucinadas.  Un caballo de tres patas tratando de alcanzar a un elefante con la trompa carcomida; detrás vienen dos tortugas y un león con su melena bien peinada.  Animales por todos lados. Huyendo.  Despavoridos.  A duras penas logro alcanzar a un rinoceronte que trata de esconderse detrás de la engrapadora.  Mas allá, una cebra insiste en meterse debajo de la computadora.  Dos bocados. Dos.  Eso es todo.  Polvo de harina.
 
 
Prosigamos.    

Eramos tres, al principio, dijo la golondrina, sacudiéndose un poco la harina de las alas.  Se paró de cabeza y sacó un largo pergamino que llevaba enrrollado en su bolsa de cartero.  Un pergamino muy apergaminado. Peqado con escamas de peces y hecho de corteza de plantas de pies de gigantes.  Ahora éramos mas de cien millones sobre aquella primera gota de agua.  Ejem, ejem.  Todos los ojos dejaron de divagar y volvieron corriendo con sus paraguitos y tapetes voldores y se sentaron al pie de la ceiba gigantesca.  Movamos este cántaro de lugar.  
 
 
  Una rana con cara de iguana dícese que dijo con el ovillo amarillo de lana fijo en el orificio del edificio.  No, me oí decir, como quien oye llover y me reí a diestra y siniestra.  No lo moverán a menos que lo muevan. Hubo una muestra de solidaridad de parte de los soldados y el lechero,que esperaba con calma la llegada de los extraterrestres, se acostó y se durmió, debajo de la ceiba gigantesca. 

 Estado de sitio.  Control total.

Lo primero que veo es una ventana.  No hay paredes ni techo ni piso.

Luego el conejo.  Porqué siempre tiene que ser el conejo? Porqué no puede ser un avestruz con un sombrero de fieltro o un puerco espín bien peliagudo?  Y justo tenía que llegar ahora cuando el horno debajo de la ceiba comienza a hacer subir las hormigas por el tronco.  El conejo se detiene al pie de la ventana. 
 

 
 Me mira con ojos de tablero de ajedrez y me dice:  Huyamos.  El hueco de la ventana comienza a encogerse y, como en el cuento de Alicia en el País de las Maravillas, me tiro de cabeza, sin esperar ni un segundo.  Zaz!  Ahora somos un millón sepetecientos yos huyendo.  Y el conejo?

 

Eran las tres de la tarde.  Como si fuera hoy.  Sobre la mesa de tablas disparejas una mujer diminuta mira su reloj de pulsera y taconea impacientemente. Del techo caen tres girasoles verdes y un bastón.  Afuera, el día se ha vuelto al revés y las gallinas han comenzado a subirse a la ceiba gigantesca.  Una luna carcomida dispara pétalos ensangrentados sobre los transeúntes que pasan, sin detenerse, montados en camellos azules.  Es la hora.  La mandrágora.  La mandrágora que cuelga de una de las ramas de la ceiba, saca una lengua larga y sinuosa y  lame las cabezas de los que pasan.  Es la hora.

A ver, pequeñuela, como te llamarás?  Dícese que dijo la rana con cara de iguana con su ovillo amarillo de lana.  La mujer diminuta le mira con ojos airados.  Abre la boca de la que se escapan unas letras agarradas de la mano:  Losa brasmaña napor lam a  ñan a,

Qué hora es?  Pregunta la misma rana con cara de iguana.

Es hora de sacar la ropa de la lavadora, alguien contesta a traves de mi boca cerrada.



Escrito por Sandra Collazos McPherson
Dallas, TX, March 28th, 2013

Wednesday, March 27, 2013

Poema No. 121


 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
La vida
 me ha enseñado muchas cosas
a lo largo del camino.
 
No en vano han los años transcurrido
y heme aquí ahora, una mujer madura
segura de mi misma, sosegada
positiva, objetiva
                                   de convicciones firmes, juicios imparciales
una estabilidad emocional, intelectual
y un pleno desarrollo espiritual
fruto de estas enseñanzas
las cuales
me califican para hacerle frente
a cualquier eventualidad que se presente
las tres noches de oscuridad tan anunciadas
el choque de un meteoro, un maremoto
la súbita riqueza, la última pobreza
enfermedad, locura, encarcelamiento
tú menciónalo
hasta ser presidenta de un país tercermundista
estoy preparada para salir adelante
victoriosa
con el orgullo de quién ha pasado por esta vida
aprendiendo lo más y mejor que ella ofrece. 

Pero… 

cuando me pregunto…
si yo podría... vivir sin tí… 
 
me doy cuenta que...
 
no he aprendido
un CARAJO 

de esta vida!
 
 
Poema de Sandra Collazos McPherson
Dallas, TX March 27th, 2013