Friday, November 5, 2010

De porqué los cangrejos caminan para atrás.



Del porqué los cangrejos caminan  hacia atrás.

En un principio, los cangrejos  solo podían caminar hacia adelante,  pues no había ninguna razón por la cual ellos necesitaran otra manera de maniobrar; su vida consistía solamente en salir de su hueco en la arena y caminar hacia el mar, nadar un rato y volver a su domicilio.  Una vida sencilla y sin muchas complicaciones, como era la vida en aquellos tiempos.
Y  como los cangrejos no eran agresivos, tampoco había razón para tener esas pinzas amenazadoras  ni esos ojos avizores con que los cangrejos están  dotados hoy  en día.
Resulta que en aquellos días Dios se dedicaba a la tarea de terminar  la creación de toda la fauna marina, un proceso que requería que pasase gran parte de su tiempo caminando a la  orilla del mar.
El cangrejito le observaba con mucha curiosidad, desde  su huequito en la arena, con unos deseos tremendos de ir a su encuentro y decirle lo contento que estaba de haber sido creado.  Pero, como era muy tímido, se le hacía muy difícil dar el paso.
Y así seguían pasando los días y todo el mundo feliz ; el mar se llenaba de pececitos, pulpos, caracolas, tiburones  hasta que llegó el momento de la creación de la ballena.  Parado en la playa, Dios extendió sus brazos  y dijo “Hágase la ballena”.
Inmediatamente el mar  comenzó a  revolverse, las olas iban y venían de un lado para otro, sin ton ni son y pronto un remolino de aguas verdiazules  surgió en el medio del mar, justo en frente de donde Dios estaba parado.
El cangrejito, con sus ojitos agrandados por el asombro, seguía agazapado en su cuevita, presenciando el tremendo espectáculo ante sus ojos.
Poco a poco una gigantesca masa oscura comenzó a surgir del medio del remolino, oscureciendo el horizonte.  Con un bufido que se escuchó en los últimos confines de la tierra, la ballena dejo salir un enorme chorro de agua, que se elevó cientos de metros  casi alcanzando las nubes, que rápidas pasaban dispuestas a no dejarse mojar.
En la playa, Dios no cabía en el pellejo de la contentura.  Aplaudía y daba pequeños saltitos, como un niño pequeño, presa de un júbilo indescriptible ante la magnificencia del nuevo espécimen.
El cangrejito también  saltaba y brincaba de la alegría y  olvidándose de la timidez por un momento y dejándose llevar por el impulso y la euforia del momento, decide ir a felicitar a Dios por tan grande y maravillosa creación. 
Sale disparado sin pensarlo dos veces y ya estaba por llegar a donde Dios estaba parado, cuando la ballena, queriendo hacer despliegue de todos sus nuevos atributos, levanta la pesada cola y la dejar caer con toda su fuerza sobre el mar, levantando una gran oleada que pronto se dispersó en todas direcciones.
Dios, al ver que se le venía todo este torrente de agua encima y pensando que no quería que se le mojara su nueva túnica, dio un salto hacia atrás con tan mala suerte que vino a aterrizar encima del cangrejito que tan felizmente corría hacia su encuentro.
Al ver lo que había sucedido Dios solo pudo decir:
Oops!
Levanta Dios al cangrejito por una patita, pero  el pobre parecía que ya estaba listo para una omelette de cangrejo.
Como esta no es una historia triste, sino todo lo contrario y como para Dios no hay nada imposible, El simplemente sopló sobre el cangrejito y lo volvió a la vida.
Observándolo atentamente Dios dice:  Creo que voy a tener que modificar este modelo.  No puedes andar por allí, así como un atolondrado; tienes que fijarte bien por donde caminas y si hay algún peligro, debes tener herramientas con qué defenderte  y lo que es mejor, para que nunca más te pase lo que hoy te sucedió, desde hoy en adelante vas a caminar para atrás, con el ojo avizado y si ves a alguien que te quiera poner el pie encima, pues le dás un pinchazo que los haga recordarse del día que nacieron.
Es por eso, que hoy en día, el cangrejo  camina para atrás, tiene esos ojos así  levantados, esas grandes pinzas que pueden partirte el dedo gordo en dos  y cada vez que  alguien se le acerca,  sale corriendo para atrás, moviendo las pinzas y con los ojitos que parece que le  quieren salir del caparazón, no sea que lo vayan a pisar de nuevo.
Esto también pudiera dar pie a una disertación de cómo se crean los complejos subconscientes, pero mejor vamos a dejar eso para otra ocasión.