Friday, December 24, 2010

Navidades en Santiago


Navidades en Santiago.
(Por allá por el año de la pera…)
En Santiago, el mes de Diciembre es un mes mágico. En las mañanitas, cuando sale el sol, cuando aún el rocío no abandona las hojas de los árboles ni los pétalos de las flores, hay una nota de alegría llenándolo todo. Viene escondida en esa fresca brisita mañanera que nos abanica el rostro con delicadeza, en la luz dorada que se posa sobre los tejados, en el canto de los pajaritos, en el cacareo de las gallinas y el piar de los pollitos pidiendo su ración diaria de maíz pilado. Pero, sobre todo, en el aroma de café caliente y en el crujir de las deliciosas tortillas de maíz de la abuela, para quien levantarse antes de que salga el sol es un ritual tan antiguo como lo es el mismo viento, herencia de sus ancestros que ella trata de pasar al resto de la familia con poco resultado.

A mí siempre me ha encantado dormir. Pero, es el mes de Diciembre, es un mes mágico y hay que aprovecharlo a lo máximo.
Me levanto tempranito, casi a la par de mi abuela, salgo al patio a darles de comer a las gallinas, mientras mentalmente estoy dándole vueltas a todo lo que tengo que hacer en este día. Ya tengo listas mis casitas de cartón, bien pintaditas, con sus ventanitas y puertas de celofán rojo y escarcha en el techo. Qué bueno que a la maestra de artes manuales se le ocurrió enseñarnos a hacer casitas este año. Tengo dos espejitos redondos, perfectos para hacer un oasis y arena para el desierto; ya pinté de verde y chocolate el papel manila que compre en la tienda de Julito y tuve mucha suerte de poder conseguir un paisaje del desierto con su noche llena de estrellas. Tengo 4 cajas vacías de diferentes tamaños y ya comprobé que las luces del año pasado todavía funcionan. Este año tengo 3 pastores nuevos con sus ovejitas y también pude conseguir varios animales de la selva. Solo me hace falta lo que le dará a mi nacimiento la nota final: el musgo. Debo ir cerca de la quebrada que está como a cinco kilómetros de la casa, pues he visto un musgo verde precioso pegado a las húmedas paredes pedregosas que bordean la quebrada. Estoy tan emocionada!! Le diré a mi hermana que vaya conmigo y de paso recogeremos a mi amiga Aminta. Tal vez podamos usar su caballito, el mismo que el cura usa para el domingo de ramos, para pasear a Jesucristo. No es la primera vez que las tres nos montamos en el caballito. Será muy divertido.

Cuando venga de la quebrada, debo ir a donde la modista para ver cómo anda lo de mi vestido de pastora, el que usaré para la misa del 24. Llevaré un pañuelo rojo en la cabeza y un delantal lleno de rosas y mi mamá me va a dejar pintar los labios y poner un poco de colorete en las mejillas. Este año me toca cantar una estrofa en la Iglesia, delante de todo el mundo. Yo soy la pastora que le ofrece su corazón al Niño Jesús, pues no tengo otra cosa que ofrecerle, así dice la canción y creo que también es la verdad.

El nacimiento que tienen en la Iglesia está tan bonito, la virgen María y San José son casi de mi tamaño y el niño Jesús se ve tan lindo, allí en su pesebre. Pero este año tendremos a María y José en persona y he oído decir que van a pedir prestado el bebé de la hija de la profesora de Música para la misa cantada del 24 de diciembre en la noche. Solo espero que no se resfríe.

Esta noche comienzan las posadas y debo estar en la Iglesia a tiempo. Debo ayudar a abrir huecos a los conos de cartón, de esos que se usan para los raspaos, para poner las velas y que no quemen las manos. Todo el mundo debe tener una vela. Cuando sale la procesión, con toda la gente cargando sus velas encendidas, cantando los villancicos al son de guitarras y panderetas, es como si se abrieran las puertas del cielo y los ángeles bajaran a acompañarnos. Casi todo el pueblo participa de las posadas. Hoy llevaremos a María y José a la casa de la Sra. Garrido. Ellos tienen un nacimiento soberbio en el portal de su casa, con muchos pastores y lucecitas que se prenden y se apagan. Como formo parte del coro de la Iglesia, me toca ir justo detrás de María y José; primero tocaremos la puerta en dos ó tres casas y dejaremos a la virgen en la última casa, la de la Sra. Garrido. A mí me toca colocarme adentro de la casa, para negar la entrada a la Virgen por varias veces, hasta que por fin abrimos la puerta y entonces se forma la fiesta. Casi siempre nos dan un vaso de chocolate caliente y hay muchas galletas y dulces de varias clases.

 Luego que dejemos a la Virgen en la casa, iré a darle la vuelta al parque con mis amigas, a disfrutar un rato de la música de la banda de los bomberos, pues esta noche hay retreta. Tal vez hoy no podamos jugar a la estatua, pues el parque estará lleno de gente, pero tengo diez centavos y podré ir a la Fanaela, a comerme un helado.

Ya están llegando las cajas de manzanas y uvas a las tiendas y las nueces también. No hay nada que me recuerde tanto que la Navidad ya casi está aquí, como el olor a manzanas. Le voy a pedir a mi mamá que nos compre turrón de España, es tan delicioso. Mi abuela ya tiene la gallina pezcuesipelada lista para los tamales. Y como siempre, a mi me tocara desplumarla e ir a buscar las hojas de bijao al monte. Este año el menú parece que será el mismo del año pasado: tamales, ensalada de papas y remolacha, arroz con pollo, plátanos a la tentación, aunque yo creo que tendremos también un pernil de cerdo asado, mmm, mi favorito, pues el puerquito que Don Eloy ha tenido en el patio de su casa por casi medio año,ya está bien gordote y creo que le van a dar materile.

Este año se ha pasado volando y estoy casi segura que me he portado muy bien. Estoy pensando qué le voy a pedir al niño Dios este año. Creo que uno de esos muñecos que parecen bebés, de los que abren y cierran los ojos y un juego de té de porcelana, no quiero de plástico, aunque la verdad, creo que ya me estoy cansando de pedirle tantas cosas y El me trae lo que le da la gana. Dice mi mama que no me porto bien. Qué le vamos a hacer.

Solo espero que los días se pasen suavecito,que duren mucho y me dejen disfrutar de esta bienaventuranza que sé que me acompañará por el resto de mi vida. Tal vez mañana la vida me dirija por caminos alejados de mi pueblo querido, pero este pueblo, este momento, estas Navidades vivirán conmigo por siempre. Porque, aquí, en Santiago, Diciembre es un mes mágico.



Feliz Navidad a todos ustedes.

Sandra