Thursday, October 9, 2014

El camino




El camino espiritual es un camino de la oscuridad a la luz.
De la oscuridad del error a la luz de la verdad. 
Todos caminamos este camino, diariamente,  a traves de dos alternativas.  Por una parte, si no  somos capaces de vencer el error, el camino es un círculo vicioso.  Por la otra, si  aprendemos la lección, el camino se abre hacia la próxima experiencia.
El sitio en donde estamos parados ahora mismo, es el sitio perfecto para nosotros. Cualquiera se puede preguntar cómo es eso posible, si las circunstancias de su vida son las menos deseables en este momento. 
Lo cierto es que somos los arquitectos de nuestro propio destino y haciendo uso de nuestra magistral habilidad para imaginarnos nuestra vida, la hemos ido modelando  y decorando con todas las cosas que nos agradan y nos desagradan .  El mecanismo interno que modela la forma que  va a tomar nuestra vida, se basa en tres premisas muy sencillas, relacionadas con la manera en que reaccionamos al estímulo exterior: me gusta, no me gusta, me es indiferente  Toda vida está llena de cosas que nos gustan y que tratamos de atraer, las que no nos gustan y tratamos de repeler y  la indiferencia, en este caso, crea  un espacio neutral, el balance entre las dos poderosas energías.
 Así vamos tejiendo el tapete de nuestras vidas. 
El estado actual de nuestras vidas refleja  toda la gama de las cosas que nos gustan, no nos gustan y nos son indiferentes.   Mientras estén balanceadas estas energías, la vida es llevadera.   Hay personas que pueden estar en el mismo trabajo, o en un matrimonio poco satisfactorio para  toda una vida y, aunque pueden ver la necesidad del cambio, no hacen nada para promoverlo.  Para otros,  el desbalance del esquema crea  un círculo vicioso tan intenso, que la lección es aprendida rápidamente y pueden moverse hacia un nuevo estado del ser.
Cuando estamos sumergidos en un círculo vicioso, y porque la Ley del movimiento nos impulsa al cambio, aparece un nuevo estado en nuestras vidas:  las cosas que nos gustaría que sucedieran.
Comenzamos a soñar con un mundo nuevo y mejor.
  Inmediatamente que ponemos nuestra mente y corazón en una visión diferente de la que estamos viviendo, el estancamiento se posesiona de nuestras vidas.  El estancamiento, al igual que el aburrimiento son las señales más poderosas que nos hacen saber que nos encontramos en el ojo del huracán y que es menester que abramos los ojos y aprendamos la lección rápidamente, sin tener que pasar por los famosos fondos esos duros que a tantos les encanta  aterrizar de cabeza.
No hay necesidad de eso.
Todo lo que tenemos que hacer es estar presente. Observar  nuestra vida, porque allí está la clave de lo que tenemos que hacer y lo que tenemos que aprender.  Parece un ejercicio sencillo, pero  lo casi imposible de lograr, es  mantener nuestra atención fija en nosotros mismos, sin que nos perdamos en el laberinto de nuestros pensamientos, que insisten en llevarnos de un lado al otro del aquí, buscando soluciones que nunca se van a encontrar, ni en el pasado ni en el futuro, ni en la mente, porque la solución está precisamente frente a  nuestros ojos, los ojos internos de la intuición.
Y qué es lo que tenemos que ver?
Sencillamente, lo que tenemos que cambiar dentro nuestro.
Digamos que soñamos con derrochar dinero a manos llenas y luego, observándonos, nos damos cuenta de que  escurrimos la pasta de diente , tratando de sacarle el máximo provecho.  Ese simple acto nos hablaría de nuestra necesidad de ser ahorrativos, algo que estaría en completa oposición a nuestro deseo de derrochar dinero a manos llenas.  Tal vez hemos sido ahorrativos hasta con nuestros sentimientos, entregándolo en cantidades minúsculas. 
Y he aquí donde llega la epifanía, el momento de iluminación. 
Podemos ver que necesitamos urgentemente comenzar a derrochar  lo que nos fue dado en total abundancia.  Y cuando comenzamos a entregar cada  vez más de lo que somos y tenemos, el universo cierra el círculo vicioso y  abre la puerta a la abundancia de una vida plena, un nuevo esquema en el que seremos felices, hasta que nos toque otra vez descubrirnos y cambiarnos, en fin, el cuento de nunca acabar. La escalera de Jacob, por donde subían y bajaban los ángeles.  Los ángeles del cambio.
 
La Canelo
Dallas, TX October 9th, 2014